«Quiero tener un verdadero hombre durmiendo conmigo,
acostándose, despertándose a mi lado todos los días
caminando por la plaza tomados de la mano
comiendo helado, yendo al circo
besándome en la boca sentados en la banca.

Y no como un pasajero,
que me toma de vez en cuando como si fuera un taxi,
me da una vuelta y se regresa con tranquilidad a su casa.
¿Será que no puedes entender la diferencia?
No necesito esconderme de nadie…
No me llames mi bien…
… no soy tu bien.
Porque algo bueno la gente lo presume,
no lo arroja por la ventana, no lo desprecia.
Soy tu mal o tu veneno.
Nací para exhibirme, para brillar como la plata
Nací para vivir una pasión, morir por ella».

Fragmento del capítulo 15
La Presencia de Anita

 

 

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